Para escribir mi futuro
he invitado a mi pasado
a que invente mi presente.
. . . y los habrá peores.
domingo, 6 de noviembre de 2011
viernes, 4 de noviembre de 2011
Naranjas que son cebollas
La ciencia avanza, a mejor o peor es cuestión opinable, “quién sabe a dónde vamos a llegar” diría cualquier anciano preocupado por el devenir del mundo. No resultaría extraño si un día nos dicen que en cualquier invernadero, de los que cubren la tierra creando mares de plata como el de Almería, han creado una nueva fruta: “La naranja-cebolla”.
Pues veréis, os confío el secreto: he encontrado una de esas en mi casa.
Iba a probar el nuevo exprimidor, supongo que será de IKEA como todo lo que se compra últimamente en mi casa, que en vista de las futuras elecciones no está del todo mal cuando tenga que emigrar a Suecia, ya sea por Erasmus o porque este país tan nuestro de toros, azahar y paella se haya ido definitivamente a la mierda.
En lo que estaba, probando el exprimidor desconocía la capacidad de estas nuevas frutas para evocar recuerdos. Y os cuento, como un PowerPoint de los programas de cocina:
- Coge unas naranjas (tantas como zumo desees).
- Coge unas naranjas (tantas como zumo desees).
- Córtalas por la mitad con un cuchillo.
- Enchufa el exprimidor.
Hasta ahí todo se puede parecer al procedimiento con el que se tratan las naranjas normales.
Pero en el momento de hacer girar el exprimidor, es como exprimir cebollas, cebollas que citan lágrimas y agitan recuerdos. Vinieron de momento, más intensos y reales que una visión con LSD.
Cualquier mañana durante el curso, unos 10 años atrás, con el uniforme verde de algodón o de la tela que sean los polos del colegio, del mismo que contó mis entradas y salidas durante 14 años, los pantalones, cortos o largos, color azul marino apoyados en una silla de mi cocina con el hilo musical del motor de una máquina mucho más antigua que las creadas en macrotiendas suecas, esperando con el tazón de cereales delante (al que nunca he llamado de cereales sino “de crispis”) y sus manos de toda una vida agotando cada gajo, cada gota de jugo, para llenar un vaso, como cada mañana.
Extractos de naranja que se toman al momento “para no perder sus propiedades”, si vives con una persona de 80 años lo sabes. Igual que la insistencia con la que hay que ponerse el chaquetón cada mañana, aunque el fuego sevillano diga lo contrario.
La esencia de una fruta y de repente estaba allí. Donde siempre estuvo, en su cocina, en mi cocina, conmigo midiendo la mitad cuando aun miraba hacia arriba para encontrar sus ojos, su pelo canoso, su alma plena de energía incansable, madrugones a las 6 de la mañana para hacer de comer y poner en funcionamiento una casa entera.
El zumo estaba delicioso. Tamizado con cariño para evitar la pulpa, como cada mañana, como un ritual, como rutina de un vínculo que permite que hoy, sin importar la hora que sea, la edad o la talla que tenga y de que haga unos meses desde que te fuiste, vuelvas a estar conmigo durante este eterno instante.
domingo, 30 de octubre de 2011
Hasta que marque el reloj.
Escucho música que no comprendo, veo películas de directores que ignoro, leo historias que no sucederán, sueño con cosas que ni siquiera existen, huelo atardeceres que se consumen fugaces, saboreo comida que me sirve un anónimo, estrecho manos que pertenecen a otros, comparto gustos con pintores sin rostros, cruzo miradas con gente que desconozco, beso labios que apenas recuerdo, bebo copas de alcohol helado, realizo acciones que no comparto, hablo con gente que no me importa, sonrío a personas que no volveré a ver, transito caminos que no he visitado y visito lugares que serán olvidados.
Miro el reloj de agujas infinitas
donde el tiempo no para
quedará la marca escrita
de una vida que me encanta.
domingo, 23 de octubre de 2011
Su consumición, gracias
Vender tu alma. Siempre hay un momento en que apetece hacerlo. Al placer de una noche, al hedonismo más descerebrado, al sexo embriagado de alcohol o drogas que se apropian de ella pagando un buen precio.
En este mundo de enloquecidas luces que te atraviesan flasheando lo real, falseando cada instante, entre miradas extrañas en un lugar oscuro, una noche cualquiera, conversaciones desprotegidas de todo argumento que roce el pensamiento profundo y reflexivo. Delicado decidir. Complicado proponerse recuperar tu alma.
Difícil saber por qué la dejaste ir, cuánto tiempo te llevará recuperarla o si te cansarás en el trayecto dejándola una vez más vagar a su gusto, serpenteando entre mareas sudorosas y despreocupadas, entrecerrando los ojos en busca de miradas lascivas de presas nocturnas que den paso al mismo vacío constante.
Dejar de consumir carne para empezar a disfrutarla.
martes, 18 de octubre de 2011
Otro más , pero no igual
Voy a tener que cambiar de tercio para la chavalería.
Que no estoy enamorado ni desenamorado y que lo vea la gente.
Que estas cosas que me salen son de cara a la galería.
Pero que lo único que busco y quiero es meterla en caliente.
Que no estoy enamorado ni desenamorado y que lo vea la gente.
Que estas cosas que me salen son de cara a la galería.
Pero que lo único que busco y quiero es meterla en caliente.
A estas alturas
No vamos a engañar a nadie, no me pidas lo que no te puedo dar.
Podría decirte que vamos a querernos hasta que se consuman las estrellas. Que vamos a gastar la vida entre besos y miradas. Que con un solo movimiento estremeces cada momento. Que agitas mi presente y has grabado mi pasado. Que guardo tus caricias para que no me las arrebaten, escondidas de siniestros maleantes y perturbadores de lo nuestro... Pero no me pidas lo que no te puedo dar, porque no voy a decirte lo que no quiero escuchar.
Podría decirte que vamos a querernos hasta que se consuman las estrellas. Que vamos a gastar la vida entre besos y miradas. Que con un solo movimiento estremeces cada momento. Que agitas mi presente y has grabado mi pasado. Que guardo tus caricias para que no me las arrebaten, escondidas de siniestros maleantes y perturbadores de lo nuestro... Pero no me pidas lo que no te puedo dar, porque no voy a decirte lo que no quiero escuchar.
domingo, 9 de octubre de 2011
De buen tintero
Ojalá existiese todo eso. De verdad y para siempre.
Ojalá no se rompiese como una pompa de jabón entre los dedos de un niño.
Que todo aquello que te arranque una sonrisa no suponga noches de lágrimas.
Cogerte de la mano, confía en mí, no necesitamos saber dónde vamos.
Te tengo. Pero, sobre todo, me tienes.
Ojalá no se rompiese como una pompa de jabón entre los dedos de un niño.
Que todo aquello que te arranque una sonrisa no suponga noches de lágrimas.
Cogerte de la mano, confía en mí, no necesitamos saber dónde vamos.
Te tengo. Pero, sobre todo, me tienes.
¿Paramos el tiempo?
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